La Filoso - Foca

sábado

100 metros (2a).

- ¡Alguien, alguien socórreme!

Pero fue casi en vano, hallaba ya los ojos para atrás; así en blanco. Putaba ya el olor a muerte y lo peor de todo, a chisme. La muchedumbre entera estaba detrás y se hacían saber los baratos pensamientos cochambrosos de la gente, de'sos que nadie pide pero nunca harán falta:

- Yo algo le sabía, de que era bien putota y que se hacía la difícil.
- Por ahí yo supe, que se cortaba con tal de satisfacerse, estaba enferma mentalmente.
- Ó a lo mejor se metió con otro más enfermo que ella y le dió pa'contar santos.
- Es que esta carretita, con cualquier burro jalaba y por eso, le dieron su descuento.

Y así como los chismosos, también se hicieron los peritos a las casi tres horas que pasó todo. Pobre Camila, de verdad que ni a una enemiga, le tendría carencia de compasión, será lo que Dios quiera, pero la muerte de alguien en virtud de haberla prescenciado, te deja con el aliento seco.

Entrados los días de la semana y yo sin poder dormir bien, me presentaba casi media hora después ó también con media hora antes al trabajo. Pues yo siempre fuí muy regular en mi puntualidad, lo que sea de cada quién. Pero desde aquel día, todas nos veíamos con desconfianza y hasta de los "clientes". Ya ni sabíamos que si esto era una obra de una Judas ó siempre sí la mataron por aflojona. Lo único que supe y eso por que lo ví, fue que a los dos meses, un pachuco bien extraño, con una envergadura en la espalda tan bien proporcionada, que el porte, era inigualable. Una tez tan ligera, que su piel le hacía aún más atractivo, pero cuando se hizo acercar a unos cinco pasos de mí, me dijo de la manera más sensual posible:

- ¿Haz visto tú a Camila?

Obvio, yo con los calzones echos tripa, le constesté sin pensarla:

- No guapo; ya tiene rato que se murió la Cami.
- Qué raro, te diré, por que si no estoy mal, está atrás de tí.


jueves

100 metros (1a).

Ya no era de sorpresa, que en las noches de las cuales bien altanoches, se decía por ahí; se nos viniera de manera ponderosa arta clientela. Ya decía yo, que eran esos los mejores fines de semana que he pasado en lo largo de mi vida, así como lo digo, así eran. Presunciaban hasta de por ratitos, que los quince mil pesos, hasta los veintemil. Venían pachucotes bien guapos, con el bigote bien relamido y los trajes bien planchaditos y almidonados.

Las fragancias hacían un danzón peculiar en el aire, rejuntándose a lo más convenenciero, las fragancias masculinas, con aromas troncosos y cítricos, con los olores de una fémina recién emperifollada. Entalcada hasta las medias.

No se nos hizo raro, que más de setenta hombres se dieran una vuelta larga, por ahí de los vestidores, ya que si alguna de nosotras quería un dinerito extra, pues se hacían los favores sin afán de arruinarle la noche a nadie.

Ahora que si a esas vamos, yo de plano nunca quise entrometerme con la vida de Camila, quien llevaba en sí, más de quinientos mil pesos en cartera y a más de dos borrachos por noche sabatina a su casa. Es que ella si era atravancada, hasta con decirles, que dicen que era una neo-versión matanguera de Agripina y que cualquiera que fuese su Claudio, le deseábamos lo mejor que pasase en su vida.

Lo que se nos hizo raro, fue que llegara pálida, sin cartera y con la mano en el hombro. A la primerita que vió en la entrada fue a mí, claro que yo estando en asuntos, pues ni como desviar la mirada, pero estuvo tan triste el asunto, que al verme, me diera un abrazo, un beso en la mejilla y se me desplomara en el instante.

Había muerto y todo, estaba llenísimo de moronga.

martes

Del pistón y la pistola.

Dispara.
Tira y aloja de un sólo golpe, lo que la vida te da y no te toca.



jueves

K.

Por la noche, a las once y media. Tengo claro por encima de todo que estoy sencillamente perdido mientras no me libere de la oficina; se trata únicamente, mientras sea posible, de mantener la cabeza lo bastante alta para no ahogarme. La dificultad de eso, las fuerzas que me ha de exigir, se muestran en el simple hecho de que hoy no he observado mi nuevo horario de sentarme al escritorio de ocho a once de la noche, de que incluso en este momento no me parece eso una desdicha tan grande, de que he escrito apresuradamente estas pocas líneas solo para poder irme a la cama.

FRANZ KAFKA.

[vía Solana]

Cuarenta.


Cuarenta tus noches en pena y desdén. De la pobre mujer que vuelves a golpear. Que será de tí en tus adentros cuando sepas, que ya no hay nadie y no te queda nada más.

Valora lo que tienes y fija mucho por tu nombre, que ni en cielo ni en tierra, hay lugar digno para tí.

Que te mate una vieja y te revuelque en tu mierda, pero aprende de lo que haces, por si lo llegas a repetir, te sepa bien tu destrampe.

La Ira.

Había estado en pendiente, que las mujeres del pueblo empezaran con los adornos para la fiesta. Muy pocos de los adentrados en el campo, sentían alegría por el suceso. La hija de Chava, Sarita, tenía que unir lazos con un extranjero, extranjero botudo y de muy mala alma, decían las García, dos señoras que en puro chisme se les va la tarde; creerles no me costará.

Iba en tientas, el padrecito, a propagar las últimas para el arreglo del recinto. Una ceremonia que era pura, más pulcra debía de notarse por los colores, pero he de ahí cuando de bruces al suelo sefue, cuando notó que la mismísima Sarita, se hallaba boca abajo, rodeada de un buen charco de sangre.

“Es que el botudo bien que no la quería, le hizo que la virgen pidiese de su ausencia en la tierra”
“Yo oí por ahí, que le dió un buen balazo, por que no quiso darle su flor antes de tiempo”
“Pa mí que el botudo sólo la quería pa distraerse, pues que se toma, matándonos a nuestra chiquita”

Todo era una cadena de chismes y de palabras cruentas, pero nadie daba razón. Apenas cuatro cuartos de hora, y el padrecito en sí volvió. Tiróse de su biblia y saliendo con rabia en los ojos, más graznidos un cuervo no puede dar, y el padre así grito:

“¡Ése pecador, mundano que profano el cuerpo de esta niña, encuéntrenlo o de Dios en manos de ustedes, caera justicia, limpia y buena justicia!…”

Bien me cuentan, que llegando a lo que se suponía ser la nueva casa de la pareja, estaba con las puertas a medio guante, como si la hubieran dejado abierta por un buen rato. Hasta el viento ya la azotaba contra paredes, y las cortinas, estaban puestas, como si estuvieran durmiendo y de la luz del día no quisieran ver. A cuatro pasos de la entrada, el cuerpo tirado del botudo, como vil res atropellada, con un bújero en la panza y otros cuantos en la marrana. Pareciese que le quisieran sacar la sangre por hoyitos, ya casi casi por la cabeza, le salía la moronga.

“Que se nos adelantaron, y mataron a este pinche puerco”

Decían en bola los jefes, ya bien puestos con machetes en manos, y con arta sangre caliente hasta por los ojos.

“¡Hay que quemar esta pinche casa, pa que vean que si tenemos pantalones!”

Y ya ahí iban tres morenazos botijones, con las brazas pa quemar hierbas y aventarlas pa dentro, cuando el alma en seco les hizo vuelco, y al Chava encontraran muerto. Muerto bien muerto, por que la parte de abajo de la boca, le faltaba, y un plomazo bien metido, entre los ojos del peregrino.

“Ay cabrón dios me socorra, que hay matanza en este pueblo”

Y así pasaron cinco rosarios, cuando en el sexto se apareció una muchachita. De esas que se ven bien comiditas, pero guapas guapas, hasta con rubor en las mejillas. Hasta pareciese que la hubieran hecho a mano. ¡Ay wey! Bonita la muchacha, hermano.

Pero cuando se dirije hacia la iglesia, volteando ella con desdén. Como si miedo le diera que la vieran, pero pues en el pueblo no hay así, ¿quién chingados no la iba a ver?

Postrandose en las puertas de la casa del señor,temblaban sus piernitas que descubiertas iban, pero no de frío, ya que es verano, chance y la niña, de las costas ha llegado. Pero fue bien raro, te cuento, por que entrando a los confesionarios, urgentemente habló de un muerto, y de otros dos que se le cruzaron.

Ya no supe más de ahí, puesto que se le mató solita al padrecito, ahí en el recintito de confesión, puesto que yo oí, ella, ataco vil y a traición. Era mujer del botudo, desde el otro lado había llegado. El botudo bien sabía, que estando casado, en otra muchacha se había fijado. Bien dicen por ahí, no te metas con mujeres malas, yo que sepa quedó ahí, pero las muertes, quien no las paga.

Yo me voy ya pa’l arado, por que yo no quiero ver mujeres, ya parece que en este pueblo, puros maricones viviesen.

lunes

Al reflejo.

FILOSO - LA FOCA - LA POLANQUERA- LA SATANASA - EL DEL BOMBÍN - EL NIÑO DE CAVAZOS - EL TRISTE - EL CHEF BELCEBÚ - LA CROMOSA - BABEL - CONSULTOR - EL PUERCO

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